domingo, 27 de diciembre de 2020

3/12/2020 Día libre

 3 de Diciembre de 2020


Mis días libres, haciendo la compra en el súper, y en el chat del trabajo nos avisan de un curso obligatorio para mañana. Vaya mierda. Estoy segura que algo podrá hacerse, o que no estoy obligada a mirar esos mensajes en mi tiempo fuera de la jornada laboral, en alguna parte me suena que lo he leído. Que las empresas no pueden obligar al trabajador a recibir ese tipo de información fuera de dicha jornada, o incluso que podría considerarse acoso, o algún rollo similar... ¡Qué pereza!. Los cursos... Innumerables, tediosos, redundantes... Innecesarios diría yo. Llegan tarde, como respuesta a reclamaciones o indemnizaciones, y solo valen para que la empresa se cubra las espaldas y nos echen la culpa a los de siempre, porque no enseñan nada. Manuales absurdos o cursos online que se superan dejándolos abiertos mientras ves la tele, y tirando de aplastante lógica para los cuestionarios. No cuentan nada que ya no sepamos, o no hayamos tenido que aprender a base de realizarlo mil veces, con otras compañeras por maestras. Casi me da miedo mirar de qué es esta vez.


Cursos. No los he echado de menos en absoluto. Ni uno solo nos han dado durante toda esta crisis. Y mira que nos podrían haber explicado cosas, que nos podrían haber facilitado la labor. Seguro que más de uno se hubiera ahorrado unos días de hospital. Y posiblemente vidas. Con la formación y el material necesario. ¡Cómo ha cambiado todo! Desde lo más mundano a lo más complejo. Donde estoy yo ahora mismo: el súper. Me acuerdo cuando guardábamos cola para entrar porque se respetaba escrupulosamente el aforo. Y nadie se quejaba. Todos con guantes y mascarillas, y una lista de la compra interminable, para no tener que ir mas que lo necesario. Nada de cestas, todo el mundo carros, y llenos hasta arriba. Y si te cruzabas con alguien en los pasillos, cada uno tiraba para un lado para evitar siquiera rozarse, con una tímida sonrisa llena de miedo por si la otra persona estaba apestada. En caja, nadie daba efectivo porque nadie quería recibir vueltas. Y en cuanto salías, el empleado daba el visto bueno para que otro cliente entrase.

Aforos, limitados y respetados en todos lados. Tiendas donde solo entraban 2 o 3 individuos, y que ahora aparecen de nuevo con decenas de personas, como si nadie recordara que ésto aún no ha terminado. Me niego a hablar de los bares y terrazas. Entiendo que esa gente debe vivir de algo, pero es como si todo el mundo deseara recuperar el tiempo perdido, como si ya les diera igual todo. Han adquirido una falsa conciencia de inmunidad. O el miedo se ha ido hundiendo en un mar de hartazgo, de ver como las normas y recomendaciones ni se cumplen ni se hacen cumplir. Informaciones contradictorias, investigadores puestos en duda, números que cambian, políticos que solo saben dividir, y no sumar. El ciudadano está cansado, se siente engañado, y furioso. Y ese enfado le hace prepotente frente al temor al contagio. Y por lo tanto peligroso. Somos peligrosos. Porque ya no nos lo creemos. Porque ya no se lo creen.

Y así, mientras en primera línea de guerra, surfeamos como podemos la segunda ola de la pandemia, enfrentados a las negligencias de la empresa, enfrentados a las familias con la opinión contaminada por ese "no pasa nada", "tanto cuidado es una exageración", o "a mí me vais a decir qué puede o no hacer mi familiar con lo que ha sufrido aquí encerrado", enfrentados a amigos y familiares que se han unido a la masa de relajados descerebrados, los casos siguen existiendo. El virus sigue existiendo. La gente sigue muriendo. El clásico tópico de "un avión diario que se estrella, todos esos fallecidos cada día". Pero es como si esa aeronave se hubiera accidentado en cualquier país tercermundista y sin pasajeros occidentales a bordo. Qué pena, pero me da igual. Aquí, lo mismo. Si no te toca, qué pena, pero me da igual.

Espero la cola de la caja para abonar mi compra, y me decido a abrir el chat, y termino de leer lo que solo tenía en previsualización. Impresionante. El cursillo obligatorio de mañana es para que aprendamos a ponernos y quitarnos correctamente los EPIs. Hay que firmar una especie de acta donde reconocemos que se nos ha dado esa formación. 

A ponernos y quitarnos los EPIs. A 3 de diciembre, con lo que hemos pasado.

Impresionante.

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