miércoles, 7 de octubre de 2020

27/03/2020 al 10/04/2020 Las primeras enfermeras

 25 de Marzo de 2020


Hoy ha llamado la Guardia Civil para ver cuantos fallecidos e infectados de coronavirus tenemos. La directora les ha explicado la dificultad de concretar esas cifras por la falta de tests, les ha pedido explicaciones sobre lo que nos dijo el de la ambulancia hace un rato (que no vendrían más a recoger enfermos, fueran o no COVID), les ha hablado de la falta de EPIs y mascarillas, de la desinfección del centro... No sé que le responderían en concreto, pero todos los que estábamos ahí congregados esperando ayuda de quien fuera solo acertábamos a oir "sé que no es su responsabilidad", "entiendo que no es su competencia", y evasivas por el estilo... Me temo que seguiremos aguantando con solo una mascarilla quirúrgica cada uno a la semana. Qué queréis que os diga, por mucho que nos insiste Carmen en que desinfectándolas bien no pasa nada, no me fío en absoluto.

Para tratar de aliviar la sobrecarga de la plantilla, parece que al fin la empresa se ha dignado en contratar personal. Han venido cinco auxiliares que envía directamente la oficina de empleo, sin titulación ni experiencia (todo vale), un doctor, Pedro, que aún estaba cursando el MIR, y tres enfermeras recién licenciadas y para las que ésto serán sus prácticas. Lo de estas chicas es un tanto peculiar. Vienen de Asturias, y se quedan a vivir en la residencia. No van a tener un sueldazo, pues en teoría van a realizar sus turnos de 8 horas, y el resto del tiempo es libre (¿en pleno confinamiento?, ¡ja!, las van a llamar a todas horas para echar una mano en los mil y un lugares que aún están por cubrir). El centro pone alojamiento y dietas. Dormirán en habitaciones libres, y comerán en el comedor el menú del día.


26 de Marzo de 2020


Hoy ha llamado alguien del hospital para ver cuantos fallecidos e infectados de coronavirus tenemos. Han venido de no sé qué carnicería del municipio, que nos donan unas 100 mascarillas y una caja de botellas de hidrogel desinfectante. Se han sacado la foto para colgar en Facebook, y se van a seguir su ruta. Llevan más material a otros centros, y productos de su comercio que saben que no van a vender, al banco de alimentos. No está mal, es una forma de darse publicidad que me gusta...

Uno de los auxiliares que venían del SEPE nos ha dicho que no vuelve. Es un hombre de más de 50, que necesitaba el trabajo y estaba dispuesto a todo, pero al que una sola noche de pesadilla le ha devuelto a la realidad. Fernando se llama, y nunca había desempeñado oficios que requirieran esfuerzo físico, y aquí se ha tirado toda la noche cambiando de posición una y otra vez a decenas de abuelos, limpiándoles si se habían hecho sus necesidades encima, y una vez hubiera terminado su cupo, vuelta a empezar. Sin práctica, técnica ni experiencia, la espalda le ha durado apenas un par de horas. Las tripas no aguantaron tanto, y las nauseas le acompañaron todo el tiempo. Al alba no podía apenas levantar los brazos, las piernas le ardían, la ropa rezumaba una mezcla de residuos propios y ajenos. Y el miedo al contagio. Telefoneó ni una hora después de volver a casa. "Mil disculpas, que vergüenza, lo siento una y otra vez..., pero no vuelvo".

Las enfermeras se han instalado y han empezado a trabajar, aliviando mucho la labor del personal que, extenuado, lleva demasiado sin pasar un día con sus familias. Son jóvenes, y desean aprender y engordar su curriculum. Le ponen muchas ganas. De momento.

Pedro no ha podido atender más que a cinco abuelos. El resto del tiempo se ha convertido en un mera telefonista atendiendo a las infinitas demandas de información de los familiares. Parece que no entienden que el tiempo que emplea en hablar con ellos, no lo usa en desempeñar su labor. Aún tiene paciencia.


27 de Marzo de 2020


Hoy ha venido una patrulla de la Policía Local para ver cuantos fallecidos e infectados de coronavirus tenemos. Un grupo de mujeres de no sé qué asociación han traído una caja con mascarillas cosidas a mano por ellas mismas. Toda ayuda es bienvenida, y así se lo hace saber Carmen, la subdirectora.

Las enfermeras se quejan de la comida (como todos los abuelos). El problema resulta no ser el sabor, o la calidad (que hubiera sido lógico, por otro lado), sino la cantidad. No sé a que cerebro pensante se le ha pasado que unas chicas de veintipocos, y que se tiran todo el día de acá para allá, necesitan la misma cantidad de nutrientes que alguien de la tercera edad. La comida ha consistido en un tazón de caldo escaso y soso, un muslo de pollo (sin contramuslo, ojo) con 6 o 7 patatas fritas, un mendrugo de pan chicloso, y una gelatina. El desayuno fue un café (de sobre y descafeinado) con leche (desnatada), y un paquete de galletas de esas de hospital (cuatro unidades e insípidas). Dicen que les da miedo pensar en como será la cena. La dirección toma nota de las quejas, y las transmite a central, aunque muchos sospechamos que deben de tener algún tipo de buzón de spam para las reclamaciones del personal.

El doctor ha descubierto por las malas que no vamos a recibir ayuda de fuera. En el hospital no recogen ancianos de ninguna residencia (e imagino que en domicilios particulares tardarán nada, si no lo están haciendo ya). Lleva solo días ejerciendo y ya conoce la medicina de guerra. Hoy no está muy comunicativo. Si para todos ha sido un shock, imagino que para él más aún. Es el único que, a partir de ahora, podrá salvar vidas.


29 de Marzo de 2020


Hoy ha llamado alguien del ayuntamiento para ver cuantos fallecidos e infectados de coronavirus tenemos. Dicen que mañana vendrá el ejército a desinfectar la residencia. La comunidad rumana nos ha traído un par de docenas de pantallas protectoras.

El doctor da orden a todo el mundo que no le pasen más llamadas. Lleva casi toda la mañana echándole un pulso a la parca por Merceditas, y tiene pacientes esperando. Dice que los familiares pueden esperar, que para tranquilizarles o darles malas noticias no hay prisa, que les tomemos nota del número de teléfono y él en persona les llamará cuando pueda.

Una auxiliar de las de la oficina de trabajo no ha acudido por sintomatología compatible con COVID. Ya ayer tenía mal aspecto y tosía demasiado. Tendría unos 45, Olga, separada y con su ex desaparecido a todos los efectos, su hijo mayor, que antes echaba una mano repartiendo pizzas, cuidaba ahora de los menores mientras ella trabajaba. Julia le dijo que si se levantaba con fiebre no viniera. Era uña y carne con otra de las nuevas, Belén, una segoviana de casi 50; hicieron piña desde el primer día, se apoyaban la una a la otra, venían juntas, comían juntas... Cuando le hemos dicho qué le pasaba a la otra mujer, ha palidecido y ha ido corriendo a por un termómetro. No tenemos tests, y sabemos que el mercurio ni da ni quita la enfermedad. Pero hay tal histeria que una ya no se sorprende de esas reacciones.

Una de las enfermeras, Mariajo, la más corpulenta de todas, apenas ha dormido de hambre que tenía al irse a la cama. Debe medir fácil metro ochenta, y no creo que baje de los 90 kilos, que contrastan con su cara de niña. Para colmo, obviamente, la cafetería está cerrada y no hay ni una sola máquina de vending. Pide permiso para, en su tiempo libre, acercarse a cualquier tienda a por comida. La empresa mata de hambre a sus propios trabajadores, y luego se sorprende de las quejas de los residentes...


1 de abril de 2020


Hoy han llamado de la Comunidad de Madrid para ver cuantos fallecidos e infectados de coronavirus tenemos. Un grupo de voluntarios de una parroquia han traído otro centenar de mascarillas, y un montón de fotocopias con oraciones y salmos para que repartamos entre los abuelos.

Pedro va como loco de un lado a otro desde lo de Merceditas. No descansa, no habla con nadie más que lo imprescindible, corre de una habitación a otra y da órdenes a auxiliares y enfermeras. Está haciendo todo lo que puede y más. Sus jornadas rara vez bajan de las 12 horas, y luego se encierra en su consulta a llamar a las familias. Llega de noche, y de noche se va. Es cuestión de tiempo que se rompa. Todos lo estamos viendo.

Belén, la otra auxiliar ha dejado de venir por sentirse enferma. Y un chaval que venía casi siempre fumado, Juanra, nos deja porque le ha salido algo en Amazon... En este caso no hemos lamentado mucho su partida. Por otro lado algunos de los trabajadores que se dieron de baja cuando ésto empezó están regresando. Son muy pocos, la mayoría alarga las bajas con excusas. Otros porque de verdad están enfermos. Pero lo importante es que es gente cualificada y que conoce el centro y sus recursos y funcionamiento.

Y nos han visitado los bomberos. Las enfermeras se miraban intercambiando sonrisas, pero no han bajado el ritmo. Nadie ha parado. Aunque hubieran querido pararse a observar, no daba tiempo. Cortos de personal, con los residentes aislados, nadie tiene un segundo de respiro. Han venido a desinfectar el centro. Todavía estamos esperando al ejército, tal y como nos prometieron del ayuntamiento. Nuestra sorpresa ha llegado cuando hemos sabido por qué han venido. Uno de ellos tiene a su madre en otra residencia, y un día fue con compañeros suyos que libraban, y, con el permiso del parque, con una furgoneta de traslado de materiales. Solo llevaban mochilas con desinfectante, y muchas ganas de ayudar. Y desde aquel día se han ido organizando y van por residencias de la zona ayudando en lo que pueden. Y hoy nos ha tocado a nosotros. Lo han limpiado todo concienzudamente, se han tirado horas levantando muebles, restregando paredes y barandillas, rociando papeleras y aseos... Y es su tiempo de ocio... Desde luego, están hechos de otra fibra.


4 de abril de 2020


Hoy han llamado del ayuntamiento de nuevo, excusándose por el plantón del ejército. Algo falló en algún punto de la comunicación. Vendrán mañana. De paso, aprovecha para preguntar cuantos fallecidos y enfermos de cornonavirus tenemos. Ayer nos llegó una caja de mascarillas de central para los residentes. 300 unidades para más de 180 abuelos. Quirúrgicas, de un sólo uso. Y deberán aguantar hasta dios sabe cuando.

Han hospitalizado a Pedro. De madrugada le subió la fiebre, y se asfixiaba. Se ha contagiado.

De los auxiliares que mandó el SEPE, solo quedaba Juan, un extremeño muy gracioso, pero que se ha ido apagando, como todos, día a día. No ha venido a trabajar, sino a despedirse. Nos ha cogido cariño a todos, hemos luchado mucho juntos. Se va a otra guerra, de celador al Severo Ochoa. Parece ser que no piden experiencia ni formación. Pero le pagan casi el doble. Promete que se pasará a saludar algún día.

Dos de las enfermeras también nos dejaron ayer. Mariajo, la grandullona, y Lidia, (una friki adoradora de animes japoneses, con mil y un tatuajes recorriendo su cuerpo, y que lo mismo maldecía en bable que te soltaba una parrafada en japonés que nadie entendía). Les salió trabajo en el hospital de campaña de Ifema. La tercera, Sara, casi se va con ellas. Es la más callada de todas, y lo poco que cuenta es sobre su pueblo y su familia. Es buena y humilde hasta decir basta. También había plaza para ella, por lo visto hace falta mucha gente, el personal sanitario cae como moscas. Y éso es lo que parece retenerla aquí.


6 de abril de 2020

Hoy ha venido una patrulla de la Guardia Civil para que rellenemos una especie de cuestionario sobre cuantos fallecidos y enfermos de coronavirus tenemos. Julia les cuenta la de veces que hemos dado esas cifras. Pero se limitan a decir que son unos mandados. 

Pedro ha pasado a UCI.


10 de abril de 2020

La tercera enfermera, Sara, se vuelve a Asturias con su familia. No aguanta más. Se ha hartado de tapar errores o tener que asumir responsabilidades que no son suyas porque sus nuevos compañeros se lavan las manos. Más de una vez la he visto llorar desesperada por cómo se encuentra a los abuelos, sin asistir, sin comer, sin dar medicación. Lo ha hablado con Carmen y con Julia, y le dicen que haga lo que pueda, que hablarán con las otras enfermeras. Solo ha conseguido enemistarse con ellas y que aún hagan menos. Parece que ellas fueran las últimas profesionales que quedaban. Para cubrir las bajas han venido unos personajes (no hay otra manera de definirles) que parecen sacados de una tragicomedia surrealista. Olvidan para quién es cada medicación, están ilocalizables, deben explicarles lo mismo 20 veces, su trato a los ancianos no es siempre el correcto,... Supongo que son la gente que no han querido en ningún hospital, ni en Ifema, por necesitado que estuviera. Parece mentira que tengan el título que tienen y que ejerzan de lo que ejercen. El único consuelo es que su estancia es temporal. Esperemos que no cueste vidas. No entiendo que la empresa les mantenga en el puesto. Sé que las jefas les tienen manía, pero dicen que en recursos humanos le piden que aguante porque no encuentran gente. A ver, con esas condiciones qué van a encontrar... A ellos les da igual

Por fin han venido del ejército a desinfectar la residencia.

Y han mandado otras 200 mascarillas de central.

Llaman del ayuntamiento para preguntar cuantos fallecidos y enfermos de coronavirus tenemos. Para no sé qué estadística...



No hay comentarios:

Publicar un comentario